lunes, 9 de mayo de 2011

Se nos fué.

Y si, uno no puede evitar caer en la redundancia de reflexionar cuando estas cosas pasan. Algunas reflexiones serán más profundas que otras, pero seguramente las reflexiones de los que nos dedicamos a este tipo de ámbito son mucho más reales que las que puedan darse en algunos medios.
Seguramente algún pobre columnista reciba de bofetada la obligación de escribir algo rápido cada vez que estas cosas pasan, cuando se va alguien que dejó su marca en la historia de un país, mejor digamos en la conciencia de la gente, en la memoria. Este pobre columnista se verá entonces en la urgente tarea de leer alguna biografía rápida y emprenderá entonces a escribir un artículo en dónde se detallen las obras más importantes del autor, alguna que otra experiencia, pensamiento, anécdota y obviamente algún desliz que pueda haber tenido el personaje que es lo que a todos fascina, el morbo. Es lo que pasa siempre y recientemente pasó con Sábato.
Así que bueno, que podemos hacer nosotros si no evitar todo este tipo de información, porque, si no sabés que hizo Trillo, deberías. No porque te tenga que gustar, si no por el simple hecho de leer a Trillo.



Para los jóvenes dibujantes (década del 90) Trillo fue encontrado como uno de los semi dioses en lo que refiere a historieta argentina, uno de los grandes guionistas que supo seguir dibujando incluso cuando las cosas estaban ásperas. Y supo crear historias y fantasías que podían llegarle a cualquier hijo de vecino como a un lector experimentado. Y no es por nada que cuando algún padre, o pariente habla de historieta argentina, no evite sonreír al hablar de Trillo y el Señor López.
Lo más triste de todo es que no es Trillo el que se nos va, es la cultura en general la que se va yendo, el hecho de crear algo propio, el hecho de valorarlo, sentirlo, vivirlo, compartirlo va desapareciendo de a poco y se le empieza a llamar tontamente cultura a cualquier sandez que hagan las personas hoy por hoy, que es consumir y sobrevivir.


En "El Síndrome de Güastavino" podía verse a un hombrecito totalmente obsesionado con traumas del pasado que direccionaban su vida hacía la inexplicable necesidad de encontrarles respuesta y satisfacerlos. Esos traumas, esas heridas, fueron provocados por un Terrorismo de Estado que enmudeció a toda una generación en nuestro país (y en Latinoamérica en general) entonces lo que nos preguntamos es...

¿Acaso nosotros, una generación totalmente cómoda, no tendrá algún tipo de responsabilidad con respecto a nuestra identidad?
¿Algo más que hacer que sentarse a comer en un puto local de hamburguesas, comprar zapatillas de 500 mangos y buscarse un laburo para subsistir sobrevivir?
¿Evitar pensar que los libros, las historietas, la música (verdadera) va mas allá que lo nos muestran, lo que nos venden?
¿Que si nosotros no empezamos a generar un cambio nunca va a pasar nada?

Creemos que lo mas valorable que podemos hacer en estos casos es imaginar un gran reloj de arena. Un reloj de arena atornillado al que no se lo puede dar vuelta a menos que nos pongamos los guantes, la gorra, alcemos el martillo con el lápiz, la goma y nos pongamos a laburar!

Así que desde CULIAU! le mandamos a Carlos Trillo y a toda su familia saludos, porque como ya sabemos todos, Trillo no se fue, al contrario es de los pocos granitos de arena que va a estar para siempre. Los que se fueron son los demás, los que ves caminando todos los días en la calle, resignados, esos si se fueron hace años...

Junto con Oesterheld, Trillo fue uno de los mejores guionistas que cosechó este país, el equipo de CULIAU! rinde homenaje a este viejo dinosaurio y envía sus saludos y respetos a toda su familia.






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